top of page

Por qué no podés terminar tu novela (y cómo solucionarlo)


Bloqueos creativos, perfeccionismo, falta de estructura y otros obstáculos que impiden llegar a la última página.


Una escritora arrodillada junto a una novela gigante e inconclusa.
Una escritora arrodillada junto a una novela gigante e inconclusa.

Empezar una novela es una de las experiencias más emocionantes que puede vivir un escritor.

Todo parece posible. Los personajes hablan en nuestra cabeza. Las escenas se suceden unas a otras. Tenemos la sensación de haber encontrado una historia que merece ser contada.

Entonces escribimos.

Diez páginas.

Veinte.

Cincuenta.

A veces cien.

Y de pronto ocurre algo.

La novela se detiene.

No necesariamente porque nos hayamos quedado sin ideas. Tampoco porque la historia sea mala. Lo que desaparece es el impulso inicial. Esa energía que parecía inagotable comienza a desvanecerse, y escribir se vuelve cada vez más difícil.

Muchos escritores interpretan este momento como una señal de que no sirven para escribir una novela.

Pero rara vez ese es el problema.



El espejismo de la inspiración


La inspiración es una excelente manera de empezar un proyecto.

Es una pésima manera de terminarlo.

Cuando dependemos exclusivamente del entusiasmo inicial, la escritura queda a merced de nuestro estado de ánimo. Escribimos cuando tenemos ganas y dejamos de hacerlo cuando esas ganas desaparecen.

El problema es que las novelas suelen ser demasiado largas para sostenerse únicamente con entusiasmo.

Llegado cierto punto, la inspiración necesita ser reemplazada por algo menos romántico pero mucho más efectivo: el hábito.



El perfeccionismo disfrazado de exigencia


Otra razón frecuente por la que una novela queda inconclusa es el perfeccionismo.

El escritor relee una página veinte veces.

Corrige cada párrafo mientras lo escribe.

Modifica escenas que todavía no sabe si conservará.

Busca la versión perfecta de un capítulo que forma parte de un libro que aún no existe.

Es una trampa muy común.

La perfección se vuelve una excusa elegante para no avanzar.

Ninguna novela puede corregirse antes de estar terminada.



Cuando la historia pierde el rumbo


También ocurre que llegamos a un punto donde ya no sabemos qué hacer con la historia.

Los personajes parecen estancados.

La trama pierde fuerza.

Las escenas se repiten.

En muchos casos esto no se debe a una falta de talento, sino a una falta de estructura.

No hace falta planificar cada detalle antes de empezar, pero sí resulta útil tener alguna idea sobre hacia dónde se dirige la historia.

Una brújula, aunque no tengamos un mapa completo.



El miedo al final


Hay un obstáculo del que se habla poco.

Terminar una novela implica exponerse.

Mientras el manuscrito está inconcluso, siempre existe la posibilidad de que sea una obra maestra en potencia.

Cuando lo terminamos, deja de ser una promesa y se convierte en algo real.

Y lo real puede ser leído, criticado, rechazado o ignorado.

A veces no abandonamos la novela porque no podamos terminarla.

La abandonamos porque terminarla nos obliga a enfrentar esa posibilidad.



¿Cómo se soluciona?


No existe una fórmula mágica.

Pero hay algunas estrategias que suelen funcionar:

  • Escribir aunque no tengamos ganas.

  • Dejar la corrección para después.

  • Dividir la novela en objetivos pequeños.

  • Trabajar con una estructura mínima.

  • Buscar acompañamiento cuando nos sentimos bloqueados.

Sobre todo, recordar algo importante:

Una novela terminada e imperfecta vale infinitamente más que una novela perfecta que nunca sale de nuestra cabeza.

La mayoría de los escritores no fracasa porque escriba mal.

Fracasa porque abandona demasiado pronto.

Y la buena noticia es que eso tiene solución.

 
 
 

Comentarios


Formulario de suscripción

¡Gracias por tu mensaje!

©2020 por Dino Mosué. Creada con Wix.com

bottom of page